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su adolescencia, Patiño viajó a Inglaterra para aprender
inglés y a Suiza para perfeccionar el francés. Fue
entonces cuando su vocación se afianzó.
“Mi
papá tuvo mucho que ver en ello, ya que iba a visitarme y
me llevaba a los mejores restaurantes de Europa. Ahí estuve
en contacto con los platillos más sofisticados, los mejores
vinos y el mejor servicio al cliente”.
Ya
en México, sus primeros pasos en las cocinas de manera profesional
los dio en la Hacienda Los Morales, para regresar a Europa y estudiar
en L´Ecole de Cuisine de la Varenne, en París.
En
1978, con sólo 22 años de edad, abre su primer restaurante
en Valle de Bravo, La Taberna de León, un espacio exclusivo
que volcó todas las miradas y puso atento a los paladares
de la sociedad capitalina. Sin proponérselo, Patiño
se convirtió en la chef consentida de empresarios, políticos
y socialités de la época.
“Era un restaurante chiquito, apenas atendíamos a 40
comensales. De hecho, teníamos que ofrecer dos turnos, con
reservaciones a las 8:00 y a las 10:00 de la noche.
La
carta era sencilla, dos entradas, dos sopas y dos platos fuertes.
Muchos postres, eso sí; los tenía exhibidos a la entrada
del restaurante y desde que llegaba la gente los apartaba”,
recuerda.
Desde
aquellos primeros años en Valle de Bravo comenzaron sus andanzas
como instructora de cocina.
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